
En una plática informal pero bastante rica con el maestro Luis Carriles convérsábamos sobre esos pequeños detalles que nos transforman mucho en el fondo y la forma de apreciar las cosas. Enlisto lo que conmigo ha cambiado mi perspectiva de ver y apreciar las cosas.
Película:
Naranja mecánica, y desde entonces el maestro Kubrick se volvió una necesidad y obsesión, nunca olvidaré el lenguaje, las imágenes, la combinación de violencia con uno de los máximos expositores de música clásica, todo eso fue una sacudida mental bastante placentera.
Libro:
Leí de adolescente el libro de la revolución de la inteligencia, me gustó mucho y aprendí a amar de muchas maneras la filosofía; sin embargo, ya entrado en el CCH y con la oportunidad de escoger entre Filosfía, Ética y Estética, opté por la primera, de ahí recuerdo la obra de Friedrich Nietzsche, El Anticristo. Sólo sé que a partir de esta lectura digerir aspectos como la felicidad, lo bueno o lo malo ya no fueron tan sencillos.
Disco:
Nunca dudaré y siempre sabré que The Wall de Pink Floyd rompió con toda mi tranquilidad, que destrozó todos los gustos musicales que había tomado anteriormente y que me llevó a encarnar de manera directa el dolor de la pérdida, el entusiasmo de la juventud, el fracaso en el amor y las paredes en las que uno encierra su vida.
Profesor:
Jorge Alberto Ocaña Alcocer y fue principalmente porque me enseñó amar las matemáticas, porque en mi memoria queda grabada aquella ocasión cuando veíamos la nueva moneda con la ausencia de tres ceros, por aquella discusión sobre la crisis, porque eso me encaminó hacia mi carrera, economía.
Amigo:
Víctor Arredondo, porque definitivamente con él arriesgué muchas capacidades que encerraba, porque con él aprendí a no tener miedo, pero a veces a arriegar demasiado la integridad, porque con él había que pensar y atinar.
Momento:
Siempre pensé que 1995 era un parteaguas en mi vida, pero después me di cuenta que en 1998 aprendí mucho más, aunque en 2002-2003 aterricé demasiado las emociones y los sentimientos al grado que descubrí que no era el fuerte que soñaba y, finalmente, en 2008 descubrí que la vida y la línea divisora que tiene con la muerte puede ser más abrumadora y muy delgada, al grado de dejar en claro que no hay un momento, no hay un instante, todo eso ha sido relativo porque falta mucho más, más alegrías y más lágrimas.
Gracias Ingeniero, estos ejercicios siempre liberan el cuerpo.

1 comentario:
espero que en mi vida todavía haya momentos que sean determinantes. Lo que sí es que las muertes de seres queridos definitivamente te cambian la perspectiva. Unas por lógicas y otras por sorpresivas.
ABrazos de pansenti (palabra verificadora)
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